Las Iglesias Crecen, 1817-1843

El Segundo Gran Despertamiento fue el movimiento religioso predominante entre los protestantes en América durante la primera mitad del siglo XIX. Por medio de avivamientos y de campamentos los pecadores eran llevados a una experiencia de conversión. Los predicadores de circuito cabalgantes y los pastores laicos los forjaron en un organismo conexivo. Este estilo de fe cristiana y disciplina era muy aceptable para los Metodistas, los Hermanos Unidos, y los Evangélicos que favorecieron su énfasis sobre la experiencia. El número de miembros de estas iglesias creció dramáticamente durante este período. El número de predicadores que las servían también aumentó significativamente.

Por medio de avivamientos y de campamentos los pecadores eran llevados a una experiencia de conversión. Los predicadores de circuito cabalgantes y los pastores laicos los forjaron en un organismo conexivo.

Se esperaba que los miembros laicos y predicadores estuvieran seriamente comprometidos con la fe. No sólo se suponía que los predicadores tuvieran una conversión fuerte y llamamiento divino, sino que igualmente se esperaba que demostraran los dones y destrezas que eran requisitos para un ministerio efectivo. Su trabajo era urgente y demandante. Los beneficios financieros eran magros. Pero, como frecuentemente se recordaban unos a otros, no había trabajo más importante que el de ellos.

El compromiso profundo de la feligresía en general se demostraba en el deseo de adherirse a la disciplina espiritual y medidas de conducta delineadas por sus iglesias. Los Metodistas, por ejemplo, eran guiados estrictamente por una serie de Reglas Generales adoptadas en la Conferencia Navideña de 1784 y que aún están impresas en la Disciplina del Metodismo Unido. Se les instaba que evadieran el mal, hicieran el bien, y usaran los medios de gracia provistos por Dios. Ser miembro de la iglesia era un asunto serio. No había lugar para los que Wesley llamaba los “casi cristianos”.

La estructura de las iglesias metodistas, las de los Hermanos Unidos, y la Asociación Evangélica les permitía funcionar de manera que pudieran sostener, consolidar y expandir sus ministerios. Las Conferencias Generales, que sesionan cuadrienalmente, demostraron ser aptas para establecer el derrotero principal para la iglesia. Las Conferencias Anuales, bajo el liderazgo episcopal, proporcionaron el mecanismo para admitir y ordenar a los clérigos, dar nombramiento a los pastores itinerantes a sus respectivas iglesias, y ofrecerles apoyo mutuo. Podían surgir iglesias locales y clases cuando algunas mujeres y hombres se reunían bajo la dirección de un guía de clase, y les visitaba un predicador de circuito, uno que tenía un circuito de predicación bajo su cuidado. Este sistema sirvió efectivamente para llenar las necesidades de ciudades, pueblos y aldeas o puestos de avanzada en las fronteras. Las iglesias pudieron llegar a la gente dondequiera que éstas se establecían.

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From The Book of Discipline of The United Methodist Church - 2004. Copyright 2004 by The United Methodist Publishing House. Used by permission.



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